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El apartamento junto al mar fue maravilloso. Todo perfecto y la ubicación nos hizo pasar unas vacaciones perfectas. Lo recomendamos a todo el mundo. |
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Año 2009. Mes de junio. ¿Qué hacemos este verano? Decidimos entre toda la familia intentar ir al extranjero. En concreto, nos gustaba Holanda. Miramos los precios, pero eran prohibitivos para nosotros (somos 4, y al multiplicar cada partida presupuestaria por 4, el tema se disparaba). Animados por unos amigos, miramos la posibilidad de hacer un intercambio vacacional de vivienda. Nosotros tenemos una apartamento en la playa y al resto de europeos, venir al sol (y a la gastronomía) de España, les parece una muy buena opción. No os lo voy a hacer muy largo. Os cuento el final: hicimos un intercambio fabuloso con una pareja de Rotterdam. Tienen una casa muy bonita a orillas de un canal, dentro de la ciudad, Nos la dejaron durante 3 semanas (la última de julio y las 2 primeras de agosto). A cambio, ellos vinieron a nuestro apartamento las 2 primeras semanas de septiembre. Nos trataron de maravilla: nos recibieron, nos explicaron la ciudad, qué hacer, dónde comprar, a qué teléfonos (suyos y de amigos) llamar si teníamos algún problema, como iba Internet, ... Cuando ellos vinieron, hicimos lo mismo. Los arropamos en todo lo que pensábamos que les iba a permitir disfrutar de su estancia en España. En resumen, una estupenda experiencia y con coste cero en lo que se refiere al alojamiento. Gracias a eso (y a unos billetes de bajo coste que nos agenciamos) pudimos ir y disfrutar de Holanda (alquilamos allí un coche y nos la recorrimos casi toda). Paco |
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Viaje a Alemania-Ulm desde España- Alicante Un amigo nos había hablado del intercambio y nos dimos de alta en una web. Teníamos interés en conocer la parte sur de Alemania con idea de visitar desde allí Innsbruck en Austria y la Selva Negra al norte de Ulm. Todo empezó tras cerrar el intercambio con una familia de 2 niños en Ulm. Nosotros les dejamos el apartmento de la Cala Finestrat al sur de Benidorm. Decidimos ir en coche y tras hacer noche en Nimes llegamos a Ulm. Era una urbanización de adosados. Llamamos a la puerta de la vecina quien nos dio las llaves y enseguida nos dijo que nuestros niños fueran a jugar con los suyos mientras deshacíamos las maletas. 5 minutos después nuestros dos hijos estaban tirándose por una rampa con monopatines y otros juguetes junto a 7 niños que hablaban en otro idioma y que sorprendentemente mis hijos entendían. Al entrar en la casa encontramos sobre la mesa del comedor una gran bandeja con una carta dándonos la bienvenida y llena de frutas, vinos de la tierra y chocolates. En la nevera nos habían dejado comida como para un día entero. También nos dijeron dónde comprar, la farmacia cercana, etc. Habíamos pactado poder usar el ordenador y el teléfono. Desde allí hicimos excursiones de un día a Munich y de varios días a la Selva Negra (Baden-Baden, Friburgo) y a Insbruck. Los hijos de los vecinos jugaban en nuestra casa continuamente. Para mis hijos, encontrar unos juguetes tan diferentes en el cuarto de juegos de la casa, fue todo un descrubimiento. Ver las películas de Disney en Alemán también. Mi hija, con sólo 7 años, tardó algunos días en ser consciente de por que aquella amiga que era su vecina no siempre le entendía hablando español. Entendió de verdad que aprender otros idiomas sirve para comunicarse. Para nosotros, movernos por el barrio en el que de alguna manera resultábamos conocidos fue toda una experiencia de inmersión en otra cultura. Usamos las bicicletas de la familia, recorrimos los montes cercanos, fuimos de picnic a los sitios del pueblo. Han pasado ya varios años de este primer intercambio y mis hijos todavía me piden volver a organizar un intercambio con esta familia para volver a ver a sus amigos. Neus. Benidorm |
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Intercambio España-Alicante-Cala Finestrat-Paris Habíamos estado en Paris en un viaje en pareja de fin de semana para celebrar nuestros 10 años casados. Ahora queríamos enseñar Paris a nuestros hijos en un viaje de quince días. Como ya habíamos hecho algunos intercambios tuvimos claro que este viaje, en una ciudad como Paris, valía la pena hacerlo mediante el intercambio. En la web de intercambio localizamos varias familias francesas interesadas en venir a nuestro apartamento de playa. Buscamos una casa que se adaptara a lo que queríamos hacer en Paris. Quisimos que fuera una casa fuera del centro de Paris pero con buena comunicación con tren con el centro, con jardín para hacer barbacoas, que pudiéramos usar sus bicicletas y que tuvieran niños. Queríamos conocer Paris y sus alrededores pero también disfrutar de estar en la casa viviendo como lo hacen allí. La única información que nos resultó sorprendente es que en la casa no había antena de TV. Si que tenían varios televisores con videos y muchísimas películas de DVD pero no querían que sus hijos vieran lo que la televisión enseña. Nos habían dejado las llaves en el jardín y localizarlas fue la primera gran fiesta para nuestros hijos. Tenían que seguir un mapa hasta dar con ellas. Los dueños de la casa francesa, sabiendo que viajábamos con niños, nos dejaron una gran carpeta con folletos de posibles actividades a hacer en el entorno. Nos emocionó que nos dejaran el teléfono de su pediatra para que le llamáramos si teníamos cualquier problema con los niños. Desde allí fuimos a DisneyLand Paris, estuvimos recorriendo Paris 7 días, otro fuimos a Versalles y también hicimos Picnic recorriendo con las bicicletas los alrededores del pueblo en el que estaba la casa. En varias ocasiones reservamos mesa en restaurantes que nos habían recomendado los dueños pidiendo que lo hiciéramos en su nombre. La experiencia fue magnífica. Nuestros hijos disfrutaron mucho de jugar con los juguetes de los niños de la casa. Cuando se acabaron las dos semanas de vacaciones, tuvimos claro que al año siguiente íbamos a repetir esta forma de irse de vacaciones. Posiblemente iríamos a Londres. Sofia. Valencia |
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Habíamos oido hablar del intercambio de viviendas en un artículo de prensa y desde el primer momento nos atrajo la curiosidad. Buscando, encontramos una empresa que publicaba un libro con muchas ofertas de intercambio en todo el mundo y decidimos probar. La verdad es que parecía un poco extraño que alguien pudiera dejarte su vivienda, su hogar, a unos extraños para que se alojaran en la misma como si fuera su casa. Nos surgían muchas dudas: ¿será real la vivienda? ¿cuidarán bien la nuestra? ¿cómo nos organizaremos en una casa y país distinto?...etc. A pesar de todo, nos lanzamos tentados por vivir una pequeña aventura, por vivir un poco otras vidas. Lo primero que nos sorprendió fué el número tan elevado de ofertas que recibimos. Al tener nuestra casa en España y en la playa, parecía que todos querían venir. Ofertas de casas increíbles, en sitios preciosos: Bretaña, Austria, Alemania, Inglaterra, Seatle, Sidney,París, ... Poco a poco fuimos viendo que la mayoría de nuestros interlocutores eran personas que habían realizado ya varios intercambios, que lo consideraban un medio normal, no sólo de pasar las vacaciones, sino también de conocer otras personas, otras culturas. Peronas con oficios diversos, pero especialmente profesores, profesionales independientes, artistas,.. A partir de aquí todo fué fácil: contarar por correo, hablar por teléfono, escoger posibilidades, elegir un pueblecido de Inglaterra, acordar fechas, condiciones, aconsejar visitas, planficar la llegada y la vuelta. Hablar y hablar hasta que los dos teníamos claro que nuestros intereses se complementaban y que en definitiva éramos personas normales que íbamos a tratar el hogar del otro como el otro iba a tratar el nuestro. Pasamos quince días perfectos en un pueblecido cerca del río Thames y a veinte kilómetros de Londres, a dónde íbamos casi cada día en tren. La casa, en la cual nos esperó una hija de los propietarios, era grande, espaciosa, rodeada de un gran jardín. Sobre la mesas del comedor decenas de folletos turísticos sobre la zona y sus posibilidades, y ...¡una botella de vino!. Todo a nuestra disposición, hasta las bicicletas y la mesa de billar. Viajes a los museos, paseos en bicicleta o a pié por el río, comidas en casa, desayunos ingleses, cervezas en el pub del pueblo,...un poco de vida. Cuando se acabaron las vacaciones, ordenamos y limpiamos todo, intentando que no se notase nuestra presencia. Dejamos las llaves en el sitio convenido y vuelta a España. Al llegar a casa, ¿qué nos encontramos?, pues lo mismo: no parecía que habían pasado quince días de vacaciones un matrimonio inglés con sus dos hijos.
Vicente, España |
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